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Científicos del CONICET La Plata confirman la relación entre pólipos en el intestino de pacientes pediátricos y la alergia alimentaria

/Prensa CONICET La Plata/


Científicos del CONICET La Plata observaron en esos tejidos la presencia de anticuerpos contra la proteína de la leche de vaca

Si bien la participación de un tipo de anticuerpos llamado inmunoglobulina E (IgE) en distintas reacciones alérgicas ya se conocía, hasta ahora se los había localizado exclusivamente en la mucosa nasal y la piel. Pero eso cambió recientemente gracias a los resultados de una exhaustiva investigación científica realizada por expertos del CONICET en colaboración con profesionales del Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de La Plata en la que se logró observar por primera vez evidencia directa de que esos anticuerpos se originan también en el intestino humano. El trabajo acaba de ser publicado en la revista Allergy.

“Para otro tipo de alergias, por ejemplo las respiratorias como rinitis crónica, ya se sabía que IgE se produce en la mucosa nasal, pero en el caso de las alimentarias el lugar de origen de los anticuerpos todavía no estaba probado. En este trabajo, logramos no solo localizarlos en el intestino, sino también describir los mecanismos por los cuales se generan”, explica Guillermo Docena, investigador del CONICET y vicedirector del Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP). Para arribar a estas conclusiones, se analizaron alrededor de cien muestras de pólipos del colon tomadas en el centro médico local a pacientes con alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV).

Esta alergia alimentaria, cabe mencionar, es una de las más frecuentes en menores de un año, y ocurre cuando el sistema inmunitario confunde a las proteínas de la leche con una sustancia perjudicial y produce anticuerpos –entre ellos IgE–, causando daños al propio organismo. Uno de los principales síntomas que puede hacer sospechar la existencia de una APLV es un pequeño sangrado rectal, aunque la deposición sea de aspecto normal y sin dolor o molestias. Frente a este cuadro, los profesionales de la salud indican una colonoscopía en el paciente. Precisamente, la presencia de pólipos en el intestino de muchos niños y niñas fue el puntapié inicial del estudio científico.

“El primer antecedente se remonta a 2012, con la sospecha planteada por una de las médicas, Gabriela Nanfito, de que estos pólipos pudieran ser producto de algún alérgeno alimentario, es decir un componente que dispara la respuesta inmune, que estimulara la mucosa colónica y provocara su formación”, relata Luciana Guzmán, jefa del Servicio de Gastroenterología del Hospital de Niños y una de las autoras del trabajo. “Aunque son benignos, este tipo de tumores se extirpan y analizan porque debido a su consistencia sangran con frecuencia y tarde o temprano terminan provocando una anemia”, continúa la especialista. Desde ese momento, los tejidos de las biopsias comenzaron a enviarse al IIFP para corroborar o no aquella hipótesis.

Efectivamente, a través de distintos métodos los científicos detectaron la presencia de células productoras de IgE en la mayoría de las muestras, una evidencia directa que relacionaría la existencia del pólipo con la respuesta inmune frente a un alimento determinado. “Y otra cuestión que también observamos es que estos pólipos se comportan como ganglios linfáticos, que se inflaman cuando hay una infección. Entonces es probable que, cuando hay una inflamación en el intestino de estos pacientes, aparezcan estos pólipos que generan los anticuerpos que a su vez producen la alergia y todos los síntomas relacionados”, señala Docena.

Si bien el trabajo permitió establecer una asociación directa entre la presencia de los pólipos con la respuesta inflamatoria, hasta el momento “no es posible asegurar que no vuelvan a salir luego de su extracción, o que ese procedimiento detenga definitivamente la producción de anticuerpos”, expresa Guzmán. No obstante, el hallazgo tiene gran importancia no solo para conocer más acerca de la patología sino también pensando en posibles horizontes terapéuticos. “Ojalá en un futuro no sea necesario indicar una dieta sin leche y sus derivados, con todo lo que eso conlleva en etapas de crecimiento, y la reacción alérgica se pueda frenar con la sola eliminación de los pólipos en el colon”, se entusiasma Docena.

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