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Dr. Edmundo Filippo: “Se debe cambiar el sistema de salud”

/COMRA/


Por el Dr. Edmundo Filippo, presidente de la Asociación de Médicos de General San Martín y Tres de Febrero, secretario General de FEMECON y secretario de Prensa y Difusión de la Confederación Médica de la República Argentina.

Desde hace muchísimos años vengo afirmando que nuestro sistema de salud es el mejor para la Argentina y lo sostengo aún.

Es el producto de haberme interiorizado permanentemente de lo que regía en otros países, muchos de los cuales tuve oportunidad de conocer personalmente.

Las obras sociales para atender a todos los trabajadores en relación de dependencia, la medicina prepaga que vino a reemplazar en su casi totalidad a la medicina privada y que también sirvió a los afiliados de obras sociales que querían mejorar su cobertura, y el hospital público para atender a quienes carecían de recursos o de alguna de las anteriores coberturas.

Y durante mucho tiempo fue bueno y de una forma u otra brindó atención al 100% de los argentinos, y a muchos residentes de países vecinos. Qué pasó para que todo cambiara.

El hospital público crónicamente desfinanciado, perdió infraestructura, aparatología e insumos, manteniendo gran parte de su calidad en base el esfuerzo, adaptación y sacrificio de sus trabajadores, particularmente de sus profesionales, un orgullo para los argentinos.

Las obras sociales, especialmente las sindicales, desviando sus fondos para otros fines ajenos a la atención de la salud, particularmente el enriquecimiento de sus dirigentes, dejaron de brindar servicios otorgando turnos con meses de retraso, aunque se tratara de casos graves, y negando coberturas a pesar de estar obligados, pagando a los profesionales por hora de trabajo, en algunos casos por debajo de lo que cobra el personal doméstico.

Por último la medicina prepaga, único servicio privado por contrato con sus afiliados que cobra lo que autoriza el Estado, pero tiene que cubrir todo lo que se le ocurra al Poder Legislativo, a veces sin responder a lo aconsejado por las entidades científicas, ha encontrado también la forma de no perder ganancia precarizando el honorario médico y dilatando el pago a veces por 3 o 4 meses.

La pandemia ha puesto de manifiesto en forma dramática todas estas deficiencias.

Cambiar el sistema de salud ha dicho la Vicepresidenta.

Inmediatamente han salido al ruedo los opinólogos financiados por aquellos que quieren recibir parte de la torta, y algunos especialistas en medicina sanitaria, probablemente bien intencionados, que han tildado a nuestro sistema de fragmentado, caótico, ineficiente y con fuertes inequidades.

¿Es cierta esta afirmación?. Probablemente en muchos aspectos sea cierta. Pero ¿es necesario cambiar el sistema? ¿Por cual?, ¿El cubano (que probablemente sea el que prefieran), el norteamericano, el inglés, el alemán, el de los países escandinavos?, y así podría seguir la lista hasta el infinito.

Esto sí sería verdaderamente caótico e interminable, además si lo permitieran los poderosos intereses que se afectarían en ese caso.

Lo que habría que hacer es establecer una política de Estado para la salud, que por otra parte nuestro país no la posee, para volver a mejorar los recursos para el hospital público, descendidos por todos los gobiernos sistemáticamente desde hace más de cuarenta años.

Controlar por medio de la Superintendencia de Servicios de Salud el destino de los fondos de las Obras Sociales, poner coto al escandaloso aumento del precio de los medicamentos, poner en funcionamiento de una vez por todas la  Agencia Nacional de Evaluación de Tecnologías de Salud  (AGNET) que racionalice el uso de la aparatología entre otras funciones, y establecer un PMO razonable y acorde con los recursos y posibilidades de nuestro sistema.

Acordar con el Poder Judicial para que los recursos de amparo y las indemnizaciones de los juicios contra los médicos no lleven a la quiebra a las instituciones ni a la miseria a los profesionales.

Destinar los recursos ahorrados mediante la racionalización del gasto en los rubros antedichos, a dignificar los sueldos y los honorarios percibidos por los profesionales, única forma que se puedan cubrir los cargos hoy vacantes de guardias y especialidades críticas.

Y lo más difícil de todo: terminar con la corrupción, presente aunque parezca increíble, también durante la pandemia.

La dirigencia política argentina no tiene idoneidad ni autoridad moral para encarar estas reformas, pero estamos seguros que existen dirigentes idóneos, honestos y patriotas capaces de hacerlo en el momento adecuado.

A ellos apelamos.

Dr. Edmundo Filippo
Secretario de Prensa y Difusión de la Confederación Médica de la República Argentina

Secretario General de FEMECON
Presidente de la Asociación de Médicos de General San Martín y Tres de Febrero

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