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FABA Informa: «¿El fin de la pandemia?»

/Difusión Federación Bioquímica de la provincia de Buenos Aires/


Por Horacio Micucci Doctor de la UBA (área Farmacia y Bioquímica). Magíster en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud

Hace unos días se establecieron nuevas pautas en los protocolos que generaron una cierta confusión en la población, y muchas personas interpretaron su significado de distintas maneras. Algunos consideraron esto como una muestra del comienzo del fin de la pandemia, otros encontraron justificativos para desechar los elementos de protección. Hay quienes siguen sin entender bien lo que pasa ni qué hacer. Conviene partir de la realidad concreta y aclarar algunos puntos.

¿Ómicron es el fin del peligro?

Decir que Ómicron es menos letal (muertos entre los contagiados) no significa decir que no habrá muertos. Y que la vacuna es un excelente medio para evitar casos graves no significa que no pueda haber algunos casos graves e incluso muertes aún entre los vacunados. Las cifras del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires indican que, de cada cinco internados fallecidos, cuatro no estaban vacunados o lo estaban de manera incompleta, y sólo uno estaba vacunado con el esquema completo. Esto demuestra la efectividad de las vacunas que hace que los no vacunados o vacunados incompletos sean un 80% de los muertos por Covid, en época de Ómicron.

Pero también demuestra que el vacunado que se enferma (unido a la añosidad y las comorbilidades) tiene, todavía, el 20% restante de las probabilidades de morirse.

Seguimos en pandemia, debemos llegar al 100% de vacunados y, mientras tanto, mantener los elementos y prácticas de protección como el uso del barbijo, la distancia, la ventilación, la menor intensidad de contacto, etc.

Las variantes

La multiplicación del virus en poblaciones desprotegidas, desnutridas, hacinadas, puede dar origen a variantes peligrosas. Es cierto que también pueden surgir variantes menos peligrosas, pero un estadista o un gestor serio debe tener hipótesis de riesgo ante distintas posibilidades. Y, es obvio, las hipótesis de riesgo son para situaciones de gravedad, no para situaciones donde no hay conflictos.

A menudo se intenta explicar en lenguaje accesible el surgimiento de variantes del coronavirus, y se habla, con liviandad, de un “virus inteligente”. Las variantes no surgen por la inteligencia del virus, que no es “inteligente”.

El virus puede asimilarse a una máquina de producción en serie. Muchas copias de él serán correctas (para el virus) pero algunas serán copias erróneas. Muchas de estas copias erróneas serán malas para el virus y no podrán difundirse. Pero algunas tendrán mutaciones que lo harán más contagioso e incluso más mortal. Si el virus accede a poblaciones afectadas por la desnutrición, que las hace débiles, o que viven hacinadas (lo que facilita el contagio), aumentarán los casos, y las probabilidades del surgimiento de variantes contagiosas o letales se verá aumentada también. Hay que protegerse vacunándose y manteniendo barbijo, distancia, ventilación, etc. para proteger a los demás. Y los demás también deben hacerlo para proteger a cada uno. Hace más de sesenta años que nos vacunamos contra la poliomielitis, y lo seguimos haciendo porque un par de países de África y otro par de Asia tienen poliomielitis. Mientras vacunas y medicamentos sean de acceso desigual y limitado en el mundo, por la geopolítica o por inaccesibilidad económica, cultural o geográfica, el tema no se resolverá para la humanidad.

¿Pandemia o endemia?

Una pandemia (del griego pan, “todo”, y demos, ‘pueblo’, expresión que significa ‘todo el pueblo’) es una epidemia que se ha extendido a varios continentes o todo el mundo y que, generalmente, afecta a un gran número de personas. Ya sabemos lo que es por experiencia directa.

Por otro lado, según la OMS, está indicado el uso del término endemia cuando alguna enfermedad se mantiene por mucho tiempo en una población o en una zona geográfica determinada. En ese caso, generalmente permanece estable en el tiempo o varía según las estaciones.

Pero es equivocado asimilar endemia a enfermedad no grave, de mucha menor peligrosidad. El Chagas es la mayor endemia argentina. Pero no es por ello intrascendente. Que no se hable mucho de él no significa que no sea nada. En todo caso es una enfermedad silenciada. Lo mismo podemos decir en otros casos. Es un error creer que decir que la COVID 19 se transforme en endémica equivale a pronosticar que será un simple resfriado común.

De la exposición de los nuevos protocolos, muchos han sacado la conclusión que la COVID 19 no es grave ya. Tal vez por un error de concepto o un error comunicacional de las autoridades.

Debe quedar claro que todavía estamos frente a una pandemia. Hay una enorme cantidad de contagiados en el mundo y en nuestro país, hay internados y muertos (aunque hasta ahora menos que en picos anteriores). No está absolutamente definido cómo se comportará el virus en el futuro. Y, peor aún, el aumento de contagios aumenta la probabilidad importante del surgimiento de nuevas variantes, que tal vez sean más agresivas. O no. No lo sabemos.

Medidas

En este marco, hay acciones que debieran sostenerse:

a) Intensificar la vacunación para completarla en un 100% antes de marzo de 2022, prestando atención a los sectores vulnerables (sanitaria y socialmente) y a los jóvenes que, por tener una intensa vinculación social, se convierten en factores de transmisión.

Buscar activamente al que se debe vacunar, inclusive en sus casas. Las facultades de Ciencias Exactas de la UNLP y de Medicina de UBA han propuesto la vacunación obligatoria. En consonancia, hay un proyecto en ese sentido en la Cámara de Diputados de la Nación.

b) Es preciso entender que el uso de barbijo es clave para impedir y/o controlar los contagios. El barbijo frente a una enfermedad de transmisión por vía inhalatoria es comparable al preservativo en una enfermedad de trasmisión sexual (como la gonorrea o el HIV). Es cierto que al aire libre y en situaciones de separación entre personas se puede ser más laxo en su uso. Pero la aproximación de personas a menos de 1,5-2 metros o situaciones de gran intensidad de contacto (aglomeraciones, festivales, etc.) exigen su uso.

Se sugiere mantener la regla de los dos mayores y los dos menores: mayor distancia y menor tiempo de contacto; mayor ventilación y menor intensidad de contacto.

El debate español

Escribía el diario El País de España el pasado 10 de enero:
“La relación de los humanos con el coronavirus está en continuo cambio. Los protocolos cada vez son más laxos y las restricciones también, a medida que más personas han tenido contacto con él y que las vacunas han protegido a la mayoría de la población de padecer una enfermedad grave. El siguiente paso será comenzar a tratar la covid de una forma más similar a lo que se hace con la gripe: sin contar cada caso, sin hacer pruebas ante el menor síntoma. Observarla como una enfermedad respiratoria más. Las autoridades sanitarias españolas llevan meses trabajando en esta transición y ultiman un plan para abandonar paulatinamente la vigilancia universal de la covid y pasar a una que se denomina “centinela”. Parece demasiado apresurado.

Dos sociedades científicas españolas se oponen a estas medidas. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) se manifestó en contra de esta idea. “Todavía tenemos una gran incertidumbre y un virus que está evolucionando con bastante rapidez, imponiendo nuevos desafíos. Ciertamente no estamos en el punto en el que podamos llamarlo endémico”, dijo la directora de emergencias del organismo para Europa, Catherine Smallwood, en una rueda de prensa.

Los Sistemas de Información para la Salud

España se propone dejar de llevar registros estadísticos y basarse en un método llamado “centinela” que consiste simplemente en un muestreo de distintos lugares seleccionados para tener idea de cómo varía la enfermedad. Es lícito usar este método si no hay forma de ser más precisos, pero debe recordarse que la OMS, entre los objetivos del milenio, propuso el desarrollo de Sistemas de Información para la Salud (SIS). Porque los que hay son insuficientes, en todo el mundo. Y no es cosa sólo para países ricos. Las deficiencias o la inexistencia de Sistemas de Información en Salud es una problemática internacional, pero la información es más necesaria en los países pobres. “No es porque los países sean pobres que no puedan disponer de buena información. Es porque son pobres que no pueden darse el lujo de prescindir de ella.” (Red de la Métrica de Salud Boletín Epidemiológico / OPS, Vol. 26, No. 2. Junio 2005). Si abandonamos los registros diarios, en nuestro caso, ya no existirían los informes cotidianos que nos permitieran seguir el proceso. Podría pasar como con el Chagas y el HIV: existen, pero se ha naturalizado su presencia.

La información detallada es una necesidad. Ni siquiera sabemos con exactitud cuántos chagásicos hay en Argentina. No es momento de muestreos aleatorios en sitios “centinela”, de dejar de contar caso por caso. Lo que está claro es que debe disponerse de personal para información y procesamiento de datos. Se trata entonces de contratarlo y pagar sueldos adecuados a personal capacitado.

La Fundación Bioquímica Argentina en acuerdo con el Instituto de Fisiopatología y Bioquímica Clínica (INFIBIOC) de la UBA constituyeron el Observatorio Bioquímico Argentino con el fin de aportar datos, procesados por grupos de investigadores, al sistema público de información en salud. No se debe abandonar la búsqueda de la información, todo lo contrario, se debe promover. Y no sólo para la COVID 19.

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