Sector Público

Dardo Pereira, presidente de SOLP: «Se cocina con lo que hay en la heladera»

/SOLP/


(Por Doctor Dardo Pereira, presidente de SOLP) Desde hace tiempo venimos insistiendo que la profesión se encuentra sumergida en una encrucijada y en una crisis muy profunda, esto nos obliga a reflexionar sobre muchos aspectos del ejercicio profesional que seguramente deberán ser revisados y de ser posible a la brevedad.

A ciencia cierta lo primero a replantearnos es como sociedad, ya que es algo que está muy lejos de ser definido por los colectivos profesionales en forma aislada, porque es una responsabilidad del conjunto de la ciudadanía y es que modelo de país buscamos, porque Argentina discute siempre más sobre el pasado, en vez de hacerlo sobre el futuro, que es hacia dónde vamos, hagamos las cosas bien, regular o mal.


El filósofo israelí Yuval Harari autor de una trilogía de libros de gran actualidad, en su último trabajo “Veintiuna lecciones para el siglo XXI” dice lo siguiente “En los tiempos que vienen los países dueños de la inteligencia artificial serán los nuevos ricos, y esto condenara a pueblos enteros y naciones emergentes, a vivir en la más abyecta pobreza”. Atenti con esto. 
Es por eso que debemos contribuir desde el lugar que nos corresponde a instalar debates, que nos permitan como sociedad y como sector profesional de referencia, mirar hacia adelante. 


En nuestro espacio una de las cuestiones que nos debemos, y hasta me animaría a decir que es central, es para que preparamos tantos odontólogos si las obras sociales no los requieren, ya que después su destino laboral termina siendo una incertidumbre y un deambular sin sentido, muchas veces sin poder encontrar respuestas adecuadas a sus requerimientos. 
Las universidades, todas ellas, forman profesionales y muchas veces con una alta capacitación, eso no lo pongo en duda, pero hay que decir que lamentablemente la inmensa mayoría termina en el mercado laboral de la seguridad social, que hoy por hoy no los necesita. Esta es la cruda realidad.


Esta plétora profesional obliga a las instituciones a realizar un equilibrio constante entre quienes pueden ingresar y quiénes no. Algo totalmente ingrato e injusto que efectuamos en algunas épocas y tratamos que sea por un tiempo, y lo hacemos por el bien de los socios que ya están en nuestra entidad. 


Ya que si resulta difícil garantizar el pleno ingreso a todas las obras sociales para los que están, mucho más difícil será hacerlo con los que hoy no son socios y quieren entrar a trabajar, sobre todo en una ciudad abarrotada de profesionales, con un promedio de un odontólogo cada doscientos cincuenta habitantes.


Cuando uno instala un negocio de cualquier tipo, tiene la obligación desde el punto de vista de la inversión que va a realizar, de analizar la rentabilidad de dicho emprendimiento. Esto es, no se me va a ocurrir poner una arenera en el desierto del Sahara, porque seguro que me voy a fundir. 


Para eso existe la teoría del valor que sostiene que el valor de las inversiones que uno realiza, está dado por su utilidad y por la escasez del servicio que se va a prestar, en otras palabras la demanda está dada por la necesidad de los pacientes cuando carecen de atención. Esto lo debieran saber todos los que después se quejan porque no hay pacientes para atender. 


Para eso existe el mercado, en este caso el de la salud, se trata de una abstracción por un lado y una realidad por el otro. Ya que el mercado es el proceso que debe llevar a cabo el inversor (en este caso el odontólogo), para descubrir donde existe una demanda insatisfecha, que no es precisamente en la ciudad de La Plata y adyacencias.


Otro punto a tener muy en cuenta en esta crisis de rentabilidad profesional, es el escaso nivel de retribución de la población argentina, hoy cercano a un promedio de 400 dólares, cuando lo usual era entre 1000 y 1200 dólares mensuales, algo que agrava la situación laboral, tratándose de una profesión que requiere de insumos importados para la casi totalidad de sus prácticas. 


Esto lo traigo a colación porque el empobrecimiento de la población, hace que el profesional busque de cualquier manera que entre el paciente al consultorio y al parecer el tener las obras sociales pasa a ser de capital importancia.


Pero si bien es importante, es solo una de las llaves que permite abrir puertas de trabajo. Hay otras como el estudio del mercado como ya vimos, y otra más significativa aún, que es tratar de hacer algo distinto al resto del colectivo profesional. 
Ahí están la preparación adecuada, la capacitación constante, el realizar una especialidad con alto potencial de demanda, la educación continúa y permanente, al final resultan mucho más rentables, que tener o no tener la obra social.


En los últimos tiempos muchos socios se fueron de la seguridad social por los magros aranceles, los atrasos, etc., etc., y lo bien que hicieron al tomar esa decisión, porque habla de su alto nivel de capacitación que no puede quedar atado a un arancel miserable. Muchos otros se fueron o piensan en irse del país. Lamentable pero cierto.


Los “chicos” que pretenden ingresar a SOLP no dicen quiero ser socio o socia, solo dicen “vengo por las obras sociales”. Sabemos que la fidelidad con la institución no abunda, ni estará presente nunca en todos, solo coexistirá en algunos, generalmente en los de más años que tienen más experiencia para asimilar las diferentes coyunturas. 


Cuando viene un hijo o una hija de socio y quiere ingresar, ahí la cosa es diferente, es cruel decirlo pero es real. A ese chico o chica en su casa alguna vez le hablaron de Sociedad Odontológica, o vino con sus padres, algo sabe de la SOLP, algo ha escuchado, algo existe que va más allá de solamente trabajar por la seguridad social.


Otra mirada para la reflexión es que existen variables que no podemos ni vamos a poder manejar nunca, como la inflación, el alza de los insumos, el trabajo en negro, una economía sin inversión ni generación de trabajo, la pérdida del valor de compra de nuestra moneda, el ingreso irrestricto sin planificación sanitaria adecuada, entre otras tantas que impactan de lleno en la temática que administramos. 


Alguna vez el analista político ya fallecido, Jorge Giaccobe padre, refiriéndose a cuestiones de la administración de una determinada área de salud, con fina ironía y llevando el tema a una metáfora expreso “Se cocina con lo que hay en la heladera”. Hoy la SOLP debe cocinar con lo que hay en la heladera, que por otro lado está casi vacía. Hoy nos toca administrar la escasez. 


Son épocas de vacas flacas para todos, pero aun así desde la SOLP seguiremos adelante, cocinando para nuestras socias y socios con lo que tenemos, que si bien es poco no por ello vamos a bajar los brazos porque conservamos una gran confianza que vamos a poder revertir la situación.

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