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Dra. Norma Piazza: “Hay una epidemia crónica de sobrepeso y obesidad”

/FEMECON/


Entrevista Dra. Norma Piazza. Médica Pediatra. Miembro del Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría

Identificar fácilmente los alimentos excedidos en nutrientes críticos, un factor asociado a la obesidad y sus consecuencias como las enfermedades crónicas no transmisibles, es un primer paso. La importancia del etiquetado frontal.

Con la reglamentación de la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como ley de etiquetado frontal, el gobierno oficializó la puesta en marcha de la norma sancionada en 2021 que obliga a advertir a los consumidores sobre el exceso de grasas, sodio y azúcares que hay en los productos, un primer paso para combatir la obesidad, la hipertensión y los riesgos cardíacos. La implementación de la ley se hará en dos etapas: la primera dentro de los 9 meses desde la fecha de entrada en vigencia de la norma y 15 meses para el caso de las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes), y la segunda en un plazo no mayor a los 18 meses y de 24 meses para las Pymes. La norma apunta a garantizar la información clara al consumidor y se espera que tenga un fuerte impacto en la salud pública, en especial en la población infanto juvenil.

Femecon Informa dialogó con Norma Piazza, médica pediatra y miembro del Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría, quien subrayó que “la obesidad infantil está considerada una epidemia porque repercute en muchos aspectos de la niñez y la adolescencia en el presente y en el futuro, en tanto es predictora de enfermedades del adulto y también porque causa mayor mortalidad y morbilidad a largo plazo”.

¿Por qué la obesidad y el sobrepeso infantil son un problema de salud pública?

Porque implican además un mayor costo para la salud y es una tendencia creciente que no está controlada. Tanto en Latinoamérica como en países en desarrollo la epidemia de obesidad infantil está aumentando a una velocidad mayor que en los países más desarrollados. La población más vulnerable se ve afectada por varios factores y eso lo pudimos constatar con evidencia científica, que fueron basamento para la Ley de Etiquetado Frontal, como estudios de campo en el país además de las encuestas nacionales de Nutrición y Salud de 2005 y 2018/19. Los datos revelan que la población vulnerada está más afectada por la publicidad o por el nivel de alfabetización y educación de los padres en el caso de los niños, niñas y adolescentes. Hay un porcentaje mucho más alto de población obesa entre aquellos que tienen menor nivel educativo.

¿Qué políticas públicas a corto plazo son necesarias para modificar este escenario?

A fines de marzo salió la reglamentación en el Boletín Oficial de la Ley de Etiquetado Frontal, que es mucho más abarcativa porque es una Ley de Promoción de alimentos saludables. Los pediatras, la Sociedad Argentina de Pediatría así como la Unicef y la OPS, la OMS y las sociedades civiles hemos sido muy entusiastas con que esta ley salga porque tanto a nivel mundial como en la Argentina la documentación relevada sostiene que la publicidad tiene un factor determinante en el consumo de un alimento, y la población tiene derecho a saber qué es lo que está comiendo. Tenemos que poder identificar fácilmente cuándo los alimentos están excedidos en nutrientes críticos, un factor asociado claramente a la obesidad y a las consecuencias como las enfermedades crónicas no transmisibles.

¿Qué impacto cree que tendrá la implementación del etiquetado frontal?

Hoy en Argentina solo el 13 por ciento de los mayores de 13 años entiende el etiquetado. Lo lee un 95 por ciento, pero se comprende en un 13 por ciento. La publicidad de alimentos y bebidas determina asociaciones al placer, el deseo, elementos atractivos para la infancia como personajes infantiles o deportivos y no dicen qué contiene ni qué produce lo que se consume. Es tan seria la situación que la Encuesta Nacional de Nutrición del año 2005 reveló que en los niños más pequeños el 33 por ciento de las calorías totales que consumían era en base a alimentos ultraprocesados, mientras que entre los preescolares de dos a cinco años, el 40 por ciento era energía de alimentos ultraprocesados. En esa etapa de la vida, quienes deciden qué comen es la familia, y hoy la familia no sabe qué les está ofreciendo, si lo supieran no llevarían alimentos que dañan la salud. Hay alimentos que promueven felicidad y placer y no dicen que tienen alto contenido de sal, grasa y calorías, o que tienen colorantes, todo diseñado industrialmente para favorecer un mayor consumo. Además el avance de las tecnologías hoy permite producir alimentos con muy bajo valor nutritivo que generan a su vez conductas casi adictivas que interactúan con las papilas gustativas o con otros receptores que llevan a consumir más allá del hambre. Pero la epidemia atraviesa a todas las clases sociales. El primer quintil de la población es el que consume el 33 por ciento de los alimentos ultraprocesados, los alimentos para la primera infancia son caros. La ley tiene además un articulado que tiene que ver con la educación alimentaria nutricional que establece que cualquier alimento que tenga un solo sello no podrá ser vendido en establecimientos escolares ni en ambientes de los niños. Hoy está demostrado por la Encuesta del 2018 que en las escuelas los niños consumen alimentos comprados en los mismos establecimientos, que son nocivos. El 80 por ciento de las escuelas tienen quioscos y del 40 al 60 por ciento compran bebidas y golosinas.

¿Qué rol tiene cada uno para el control de esta medida y su efectiva aplicación?

Esto es interesante porque no queda solo como responsabilidad de las autoridades de jurisdicción local, sino en la misma población. Si la población se empodera y entiende qué significa el sello para la salud, las cosas empiezan a cambiar. Hoy los y las pediatras estamos indefensos porque podemos promover una alimentación saludable entre nuestros pacientes y las familias pueden estar de acuerdo, pero lo cierto es que si la escuela está invadida de estos productos es muy difícil entrar en la contradicción de un niño, no hacer lo mismo que sus pares cuando además, muchas veces implica una figurita para un álbum o un juguete. Y también hay problema en la misma institución educativa porque aunque la currícula explique la cadena alimentaria y cuáles son los alimentos saludables si en las escuelas se venden alimentos ultraprocesados, el mensaje es contradictorio. Con esta ley prohibitiva en este aspecto, no será solo la voz de los pediatras, sino que los padres pueden hacer valer su voz en beneficio de los chicos y exigir que no vendan este tipo de productos. La implementación de los sellos va a llevar un tiempo, es gradual, la industria ha hecho mucho lobby pero a pesar de eso hubo una respuesta positiva con un involucramiento incluso del Ministerio de Salud. Hasta hoy no había elección y tenemos derecho a la información. Luego uno elige qué consumir libremente, pero sabiendo, es distinto. En algún momento se impulsaron los quioscos saludables.

¿Puede ser una medida que contribuya a disminuir la obesidad infantil?

No existen los quioscos saludables, o hay casos muy puntuales. Si el objetivo del quiosco no es una alimentación saludable sino un rédito económico y si está dado por las leyes del mercado y el mercado utiliza como blanco a los niños y niñas y adolescentes, la demanda va a ser en función de lo que la publicidad pone como oferta. Yo he trabajado muchísimo con quioscos para fomentar la compra de alimentos frescos más baratos, pero nada da resultado si no está habilitado un sistema que permita acceder a todos. Cuando hemos tenido la experiencia de llevar alimentos saludables donados, eran consumidos en un ciento por ciento. Los chicos acceden, pero las leyes normativas no lo permiten. Hoy es un mito el quiosco saludable, a partir de ahora estarán obligados a serlo.

Todas estas medidas, ¿lograrán revertir la curva de obesidad y sobrepeso?

Sin duda la alimentación es un factor muy importante pero no es el único, porque el sobrepeso y la obesidad es multicausal. El diseño de las ciudades actuales cada vez más van en contra de mejorar o recuperar la actividad física. Se necesita tener al menos una hora de actividad física en edad escolar y a la vez promover espacios para caminar, andar en bicicleta, tener negocios de cercanía que permitan la movilización de la población. La mayor parte está urbanizada y las ciudades están diseñadas de tal manera que el movimiento físico es menor. Hay que fomentar la actividad cotidiana y el acceso al agua libre con bebederos en todos lados. Son medidas que ayudan. Se debe pensar en planificación y diseño porque estamos yendo en contra de lo que el físico de la especie humana necesita. Antropológicamente, hace millones de años el hombre se trasladaba para buscar sus alimentos. Hoy estamos más obesos, contribuyendo al mal desarrollo de los huesos y de los músculos. El cambio tiene que ser profundo, hoy tenemos la pandemia de covid y la epidemia crónica de sobrepeso y obesidad.

Por María José Ralli

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