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Actualidad científica: Nuevo biomarcador para enfermedad del hígado graso no alcohólico

/Difusión Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires – FABA Informa /


Su detección mediante un análisis sanguíneo podría evaluar la progresión de la enfermedad hepática

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA) es una de las patologías hepáticas crónicas más comunes en todo el mundo y se estima que afecta a alrededor del 30 % de la población europea.

La enfermedad crónica del hígado graso no alcohólico puede convertirse en una cirrosis hepática irreversible, que solo puede curarse mediante un trasplante de hígado. Por lo tanto, es particularmente importante identificar de forma temprana a los pacientes con enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Ahora, los investigadores han identificado el papel de un subtipo específico de macrófagos (glóbulos blancos) en la EHGNA progresiva. Como parte del sistema inmunológico, estas células tienen una función protectora contra la fibrosis y la cirrosis hepática. Al mismo tiempo, son útiles como biomarcadores de la progresión de la enfermedad hepática, ya que pueden medirse mediante un análisis de sangre.

La patogenia de la EHGNA, especialmente la esteatohepatitis avanzada (EHA, también: hepatitis de hígado graso no alcohólico), está asociada con cambios profundos en las células inmunitarias del hígado.

Recientemente, se ha descrito una acumulación aumentada de un subtipo de macrófagos que expresan altos niveles del receptor TREM2 en la enfermedad del hígado graso.

Sin embargo, hasta ahora se desconocía el papel de los macrófagos positivos para TREM2 en la enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Investigadores de la Universidad de Medicina de Viena (Austria) han demostrado en un modelo animal que estos macrófagos específicos tienen una función protectora en la fibrosis, un precursor de la cirrosis hepática.

Estas células se encuentran en mayor número en las áreas del hígado afectadas por la inflamación hepática asociada a la EHGNA, donde se acumulan particularmente en áreas de daño celular y fibrosis.

TREM2 existe tanto como un receptor de membrana en las células como en una forma soluble (sTREM2) que es detectable en la sangre.

El papel de esta forma soluble en el sistema inmunológico aún no está claro. Sin embargo, los investigadores descubrieron que es útil en los pacientes para determinar el estado actual de la enfermedad y ayuda a distinguir entre las diferentes etapas de la hepatitis del hígado graso mucho mejor que los biomarcadores previamente conocidos que se usan en la práctica clínica.

Los investigadores también demostraron en modelos de trasplante de médula ósea que la deficiencia hematopoyética de TREM2 impide el almacenamiento eficiente de grasa y la descomposición del exceso de tejido conectivo (matriz extracelular), lo que provoca un aumento de la esteatohepatitis, la muerte celular y la fibrosis.

Por tanto, los macrófagos TREM2-positivos cumplen una importante función protectora en EHGNA, donde previenen la acumulación de grasa, los procesos inflamatorios y la progresión de la enfermedad a fibrosis hepática.

«Puede ser posible desarrollar nuevos enfoques terapéuticos para tratar la hepatitis del hígado graso al mejorar esta función protectora de los macrófagos positivos para TREM2», dijo Florentina Porsch, coautora del estudio.

«La forma soluble de TREM2 es un excelente biomarcador para identificar y estadificar la enfermedad hepática avanzada, que puede progresar desde la enfermedad del hígado graso hasta la cirrosis incurable si no se atiende», agregó el primer autor Tim Hendrikx del Departamento de Medicina de Laboratorio de MedUni Viena.

Biomarcadores para lupus

Por otra parte, dos hallazgos protagonizados por el mismo investigador, un bioquímico e ingeniero biomédico estadounidense, ofrecen esperanza para niños con una de las complicaciones más graves del lupus eritematoso sistémico, al identificar dos conjuntos de biomarcadores para estos pacientes y para los enfermos de lupus que padecerán disfunciones cardíacas.

En este trabajo publicado en Frontiers in Cardiovascular Medicine, el profesor Chandra Mohan, de la Universidad de Houston, en Texas, describe cómo identificó, junto con Sahar Baig, biomarcadores sanguíneos que predicen a aquellos pacientes diagnosticados con lupus eritematoso sistémico si, en el futuro, desarrollarán enfermedades cardíacas.

Además, encontró nuevos biomarcadores en orina, para el diagnóstico de nefritis lúpica en niños con lupus.

El equipo del profesor Mohan, en colaboración con la doctora Maureen McMahon, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), utilizó una evaluación metabolómica integral de sueros basales de pacientes con lupus, para identificar los metabolitos que predicen la futura progresión de la placa carotídea.

Después de varios años de seguimiento, encontraron que nueve pacientes padecían la enfermedad sin progresión de la placa, ocho más desarrollaron placas ateroscleróticas y otros ocho pacientes, del grupo control, no tenían lupus.

Como explican en las conclusiones del estudio, “los metabolitos identificados además de ser un pronóstico del desarrollo de enfermedades cardiovasculares en pacientes con lupus eritematoso sistémico, igualmente pueden ser impulsores activos de la formación de ateroma. La identificación temprana de estos pacientes de alto riesgo puede ayudar a instituir medidas preventivas en una etapa temprana de la enfermedad”.

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