Sector Público

La pandemia de COVID-19 ofrece lecciones para avanzar hacia la salud universal en América Latina y el Caribe

/FUENTE: OPS/

La pandemia puso de manifiesto que los sistemas de salud siguen siendo frágiles y susceptibles, y revirtió el progreso regional. Además, confirmó la necesidad de transformarlos para responder eficazmente a una crisis sin interrumpir otras funciones.

Aunque a ritmo lento, la cobertura de los servicios de salud en la región de las Américas mejoró durante los 20 años previos a la pandemia de COVID-19. En el 2019 el 77% de la población estaba cubierta frente al 65% del 2000. La disponibilidad de profesionales aumentó y la inversión de los gobiernos en salud se incrementó en 1,1 puntos porcentuales. En casi dos décadas, la esperanza de vida promedio al nacer pasó de 73,7 en 2000 a 77 años en 2019.

Pero en la región con las mayores tasas de desigualdad del mundo, esas ganancias no fueron uniformes y un tercio de la población enfrenta obstáculos para acceder a la atención que necesita. El personal de salud siguió siendo deficitario y persistían las dificultades para acceder a medicamentos y otras tecnologías, a pesar de mejoras en la regulación y la vigilancia estatal.

“Esta y otras inequidades fueron puestas de relieve por la pandemia, que dejó en evidencia la dificultad de los países para mantener la continuidad de los servicios esenciales de salud durante una crisis”, dijo James Fitzgerald, Director de Sistemas y Servicios de la Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Los servicios de salud esenciales se vieron interrumpidos y los que recibían pacientes de COVID-19 se vieron saturados por la alta demanda, los trabajadores en muchos casos se infectaron con el virus o sufrieron consecuencias en su salud mental. La pandemia se cobró más de 2,8 millones de vidas en las Américas.

Pero este desafío volvió a colocar la transformación de los sistemas de salud en la agenda de los gobiernos de la región. En septiembre de 2022, durante la última Conferencia Sanitaria Panamericana de la OPS, los ministros de Salud de las Américas acordaron una política para transformar los servicios de salud hacia una atención integrada, no fragmentada, que garantice una atención sin interrupciones, de calidad y centrada en la persona.


“La salud universal, basada en la atención primaria, es el pilar de un sistema resiliente”, sostuvo Fitzgerald. “Estamos ante la oportunidad de avanzar en una transformación para que todas las personas tengan cobertura y acceso a la salud para 2030. Necesitamos acelerar la recuperación tras la pandemia”, subrayó.

La atención primaria de la salud (APS) es la estrategia que permite resolver los problemas de salud de las personas a lo largo de su vida y entender sus necesidades a través de un vínculo estrecho con la comunidad y la prestación continua e integrada de servicios sanitarios. Una atención primaria fuerte es también clave para responder mejor a una próxima pandemia.

La OPS trabaja para fortalecer este sector desde antes de la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud de Alma-Ata en 1978 en Kazajistán. Su cooperación técnica ha permitido aumentar la expectativa de vida, crear programas de inmunización que han protegido la vida y la salud de los niños y sus familias, y eliminar de la región enfermedades peligrosas como la viruela, la polio y la rubéola.

Para avanzar hacia la salud universal hoy, se requieren mayores inversiones. La mayoría de los países de América Latina y el Caribe invierten menos del mínimo del 6% del Producto Interno Bruto (PIB) en salud, y destinan menos del 30% del presupuesto de salud al primer nivel de atención, como lo recomienda la OPS.

“Muchas personas creen que solo deberían construirse grandes hospitales y que solo en ellos pueden resolverse sus problemas de salud, pero esa creencia es falsa”, dijo Ernesto Báscolo, asesor regional en Gobernanza, Políticas y Planificación en Salud de la OPS. “Sin embargo, debemos invertir más en servicios de salud basados en un primer nivel de atención fuerte, con capacidad resolutiva y que coordine y trabaje en red con los centros y hospitales de mayor complejidad», explicó. 

Y más allá del financiamiento, se requieren mayores inversiones en recursos humanos. Se calcula que aún se necesitan en la región 600.000 profesionales de salud, entre médicos, enfermeras y parteras, odontólogos y profesionales de farmacia.

La pandemia recordó que la importancia del personal de salud para mantener el sistema funcionando no solo radica en su cantidad, sino también en su disponibilidad, distribución, bienestar físico y mental, acceso a insumos y equipos, y competencias, entre otras.

El desabastecimiento y la inequidad en el acceso a medicamentos esenciales y a otras tecnologías limitaron o pusieron en riesgo la prestación de servicios de salud. Esa situación expuso la dependencia de América Latina y el Caribe a las importaciones de medicamentos, insumos médicos y tecnologías, y la urgencia por desplegar capacidades productivas y tecnológicas regionales.

Para responder a esta necesidad, la OPS lanzó una plataforma que busca fortalecer los sistemas locales de producción de vacunas y otras tecnologías.

“El tiempo de recuperar los logros y retomar el rumbo hacia la salud para todos es ahora y el camino para lograrlo se compone de sistemas de salud resilientes y una protección social universal”, concluyó Fitzgerald.

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