Sector Público

Vizzotti participó de jornada de testeo y vacunación en el Día Mundial contra la Hepatitis

/Ministerio de Salud de la Nación/

La cartera sanitaria nacional desarrolla políticas para el acceso a la prevención, diagnóstico y tratamiento. Gracias a la aplicación de las vacunas contra hepatitis A y B se puede prevenir la enfermedad, complicaciones y la necesidad de un trasplante de hígado.

En el marco del Día Mundial contra la Hepatitis, la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, participó ayer en el Hospital de Clínicas de una jornada de testeo y vacunación en la que destacó la importancia de estas acciones para contar con un diagnóstico y tratamientos oportunos y la posibilidad de prevenir hepatitis A y B a través de las vacunas.

“Gracias a la vacunación no tuvimos trasplantes de hígado por hepatitis A en niños vacunados a partir del año 2007, y Argentina es uno de los primeros y pocos países del mundo en tener vacunación universal contra la hepatitis B, que también es una causa de hepatitis crónica, de cirrosis y de la necesidad de trasplante de hígado”, afirmó la ministra, quien llamó a aplicarse estas vacunas.

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Respecto de los tratamientos indicó que se quintuplicaron y que son muy efectivos, por lo que “si logramos que las personas se testeen y sean tratadas vamos a poder controlar e inclusive eliminar las hepatitis virales”.

Durante el operativo coordinado por equipos de la cartera sanitaria nacional, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Hospital de Clínicas José de San Martín de la Universidad de Buenos Aires, Vizzotti agregó que “hoy acá y en muchos lugares del país se está trabajando para favorecer el acceso al diagnóstico, tratamiento y prevención, en conjunto con los hospitales, el apoyo de personas con hepatitis crónica y aquellas que se curaron gracias al acceso al tratamiento puesto a disposición por el Ministerio de Salud”.

En la recorrida por el operativo, la ministra estuvo acompañada por el director del Hospital de Clínicas, Marcelo Melo, y el vicepresidente de la Sociedad Argentina de Hepatología, Esteban González Ballerga.

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La hepatitis implica la inflamación del hígado y en la mayoría de los casos es provocada por un virus, en especial por los de hepatitis A, B y C. Tanto la A como la B se pueden prevenir a través de la aplicación de las vacunas.

La hepatitis A se transmite por agua y alimentos contaminados con el virus, como así también por sexo anal con penetración o sexo anal-oral (contacto boca-ano). Entre los síntomas se encuentran náuseas, vómitos, falta de apetito, fiebre, malestar general, dolor abdominal y articular. En los primeros días la orina puede tornarse oscura y las heces pálidas, y en las semanas siguientes puede presentarse color amarillo en la piel y en las mucosas (ictericia).

En tanto, la hepatitis B se transmite principalmente por contacto directo con fluidos corporales como semen, secreciones vaginales o sangre, infectados con el virus. Es por eso que las vías de transmisión más frecuentes son mantener relaciones sexuales sin preservativo; compartir agujas, jeringas, canutos o elementos cortopunzantes con personas infectadas; o hacerse un tatuaje o piercing con material no descartable o debidamente esterilizado. Las personas embarazadas con hepatitis B pueden transmitir el virus durante la gestación.

Es importante mencionar que los síntomas de la hepatitis B crónica pueden tardar hasta 30 años en aparecer, y el daño al hígado ocurrir de manera silenciosa durante ese tiempo.

En los casos que aparecen síntomas, la mayoría se manifiestan en un plazo de tres a seis meses después de la exposición al virus y se asemejan a los de la gripe (fatiga y cansancio) y puede aparecer una coloración amarilla en la piel y mucosas, náuseas o vómitos, orina de color oscuro, fiebre y escalofríos.

Finalmente, la hepatitis C se transmite por contacto directo con sangre infectada y al tener relaciones sexuales sin preservativo u otro método de barrera. Las personas que recibieron transfusiones antes del año 1994 pudieron haber estado expuestas al virus, ya que se desconocía en ese momento. También existe la transmisión durante el embarazo, aunque es una vía poco frecuente.

Al igual que la B, los síntomas de la hepatitis C crónica pueden tardar hasta 30 años en manifestarse y dañar al hígado en ese lapso. En una infección aguda, aparecen de dos semanas a seis meses después de haber tenido contacto con el virus.

Entre los síntomas se incluyen cansancio, náuseas o vómitos, fiebre, orina de color oscuro y materia fecal de color más claro, ictericia, problemas de coagulación de la sangre, vómitos de sangre o materia fecal negra, y distensión abdominal con líquido dentro del abdomen (ascitis).

A través de medicamentos antivirales la hepatitis C se puede curar. El tratamiento es universal, seguro y efectivo en el 95 por ciento de los casos.

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